
Palomar podría jugar un importante amistoso este sábado a las 3:00pm. El encuentro se realizaría en el Club Regatas Lima que se encuentra ubicado en el Sur. El partido todavía no se ha confirmado.

Caracterizado por su juego fuerte, sus palabrotas en la cancha, su buen sentido del humor y un gran compañerismo, el Palomar tendrá que dejar ir a una gran persona y un jugador que crecía con cada partido que jugaba.
Indescriptible. Lo que se vivió ayer en el estadio Ricardo Palma fue impresionante. Parecía que los equipos que se enfrentaban en la cancha estaban jugando un River - Boca, una final de la libertadores o un partido definitorio de las eliminatorias. Pero precisamente, eso no era lo que las casi 80 personas habían asistido a ver. La segunda división distrital de San Isidro nos ofrecía el partido de la fecha: Deportivo Palomar frente a su clásico rival, la Residencial Santa Cruz. Dos equipos que luchaban por el ascenso. A la “resi” le bastaba un empate para llegar a primera. El Palomar tenía un objetivo único si quería ascender: ganar.
Los equipos estaban parados en la dura cancha de la Ricardo Palma, la cual parecía un campo de guerra. Perfecta para la ocasión. Porque lo que se vivió en la cancha en los 80 minutos de juego no fue un partido de juego bonito y toques al ras del piso. Los jugadores del Palomar fueron con el corazón en la mano y se olvidaron del dolor por un momento. Era emocionante ver como desde el primer minuto salieron con todo y no les importaba tocar el suelo cada dos minutos. Esa es la actitud que se necesitaba para conseguir los tres puntos. Meter hasta al final, ganar como sea, pero ganar.
El partido se inició con un Palomar volcado en el campo rival, tratando de sorprender con pelotazos para Kevin y Oscar, que alineaban como delanteros. La Residencial llegaba pero la defensa “roja” estaba sólida. Tito y Josué sacaban todo lo que se les venía, Ángel salía con clase por la derecha y Mendi aplicaba la velocidad para cerrar los espacios. Transcurría el minuto 15, y un pase de Terry en profundidad encontró los pies de Oscar Trelles, quien giró y sacándose a un defensor, sacó un remate complicadísimo desde fuera del área y consiguió el primer gol. Todo era una locura. Los jugadores de Palomar celebraron a más no poder el gol, y no era para menos. Significaba el ascenso a primera. El tan ansiado ascenso.
Pero poco duró la alegría. Una falta inventada le dio al equipo contrario la oportunidad de emparejar las cosas. Y la aprovecharon. Un golazo de aproximadamente 25 metros dejaba atónito a todo el Palomar. A empezar de nuevo.
La gente se miraba y se preocupaba más por lo que pasó con el árbitro, que con el partido. Faltaban apenas dos minutos. Pero en el fútbol, existe la justicia divina y también los milagros. Una centro desde la media cancha, se coló entre la defensa rival. Mendi se encontró con la pelota. Pégale gritaban algunos. La pelota le hizo una comba extraña y le quedó muy alta y, con un movimiento acrobático, tocó la pelota, la cual se calmó en los pies de Terry, que giró y sintió un golpe. Al suelo. Se escuchó un pitazo y todos vieron la mano del árbitro señalando ese punto blanco en el centro del área. Penal. A falta de dos minutos, en un partido que iba 2-2 y que significaba algo más que un encuentro de Liga, se cobraba un penal. Y acá es momento de mencionar a la figura del encuentro. Oscar Trelles, que fue duramente criticado por algunos durante todo el torneo, se puso el equipo al hombro y sin dudarlo cogió la pelota y la colocó a doce pasos del arco. Él cargaba las ilusiones de todos, la esperanza de poder jugar en Primera. Era todo o nada. Nadie hablaba, ni siquiera el DT Miki. Era el momento más importante de todo el campeonato.
Un beso al balón y una mirada al cielo, pidiendo la ayuda de Dios. Y con el mismo cariño que besó el balón, lo acomodó y entrándole con el empeine colocó la pelota dentro del arco. El tan esperado grito de gol llegó. 